jueves, 2 de enero de 2014

Las Artes y los Días: La Primera Guerra Mundial y el Arte de Vanguardia (1º Parte)



Por Javier García-Luengo Manchado






Dentro de las efemérides que se recordarán intensamente a lo largo del año que acabamos de inaugurar, destacará, sin lugar a dudas, la más trágica de todas ellas: el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Kichner - Autorretrato como soldado
Efectivamente, la conocida como Gran Guerra, supuso un cambio absoluto no sólo en la forma de entender y hacer la guerra sino que también implicó una honda trasformación del mapa europeo, incluso, desde mi punto de vista, algo más importante aun, marcó un antes y un después en la evolución política, social, cultural y artística del siglo XX.

Es en este último punto donde sucintamente hoy se quiere detener LAS ARTES Y LOS DÍAS, pues los avatares bélicos desarrollados entre 1914 y 1918 produjeron una serie de heridas y cicatrices de las que aun hoy, de alguna manera, somos herederos.

Kandinsky - Composición
Lo cierto es que en torno a 1914 los principales movimientos modernos habían alcanzado cotas fundamentales en sus propuestas tanto experimentales como ideológicas. No en vano, el afán de lucha de tales movimientos se identificó metafóricamente con la vanguardia, término militar aplicado a las tropas que avanzan y preparan el terreno a la retaguardia. Así es, el cubismo, el futurismo o el expresionismo intentaron avanzar, abrir nuevas vías para el arte, de alguna manera la revolución estética, pensaban muchos por entonces, también supondrían una revolución ética.

Guido Severini - Cañón en acción
Los términos absolutamente revolucionarios que marcaron el devenir artístico de la primera década de la centuria pasada no quedaban muy lejos de la necesidad de transformación y cambios de una masa social hastiada de unas formas y unas fórmulas ancladas en el pasado, inútiles en el presente y, sobre todo, carentes de futuro.

Así el expresionismo alemán, especialmente el grupo El puente –Die Brücke-, comandado por Kirchner, supuso un cambio a la hora de mirar y entender el arte. La recuperación del primitivismo y la utilización de un color descriptivo, no de la realidad circundante, sino de la realidad del propio creador, daba rienda suelta a una pintura cada vez más personal donde el yo del artista se desmarcaba paulatinamente de una sociedad adocenanda y bien pensante.

Severini - Tren armado
Y es que esta libertad cromática permitió al siguiente grupo expresionista, El jinete azul –Der Blauer Reiter-, de la mano esencialmente de Kandinsky, iniciar en torno a 1910 el camino de una abstracción basada en los valores espirituales del propio color, el color debía emocionar al margen de cualquier discurso figurativo.

Y hablando de belicismo y arte no podemos concluir este primer capítulo dedicado al arte en torno a 1914 sin incluir el Futurismo italiano, engendrado en 1909 por Marinetti. Quizá estos creadores fueron los más agresivos y combativos, en el amplio sentido del término, de los referidos hasta ahora. Junto con el mencionado ideólogo, Boccioni, Severini, etc., propugnaban la quema de museos o la destrucción de obras clásicas en pro de una sociedad verdaderamente futura, cantando la belleza de la guerra como auténtica trasformadora de la sociedad. Es por ello que con sus pinceles plasmasen la velocidad, el movimiento, manifestaciones, reyertas, máquina y autómatas, mostrando así un hombre sometido al futuro y no viceversa. No nos debe extrañar que algunos de estos artistas terminasen engrosando las filas del fascismo. Para tales fines, no dudaron en utilizar algunos recursos ya empleados por el cubismo, movimiento con el que abriremos el siguiente capítulo de esta serie.


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