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lunes, 4 de noviembre de 2013

Microrrelato: Desaparición

Por Luisa Grajalva









Los informativos dieron la noticia:

“Ha desaparecido una palabra del vocabulario universal y con ella su significado. Se sabe que ha disminuido en una el total de palabras contabilizadas en cualquier idioma, pero, al haberse borrado del lenguaje, es imposible determinar cuál es”.

El suceso no inquietó, palabras había muchas. Tampoco reparó nadie en que a esta desaparición siguieron algunas otras ni en que los libros estaban escritos de forma diferente. Ni siquiera advirtieron que el mundo se volvió mejor y sus habitantes más felices. 

En la torre de control del universo, alguien se daba palmadas en la frente:

      ¿Pero cómo no se me ocurrió antes? Si sólo había que eliminar la primera persona del singular, la palabra “yo”…





miércoles, 23 de octubre de 2013

Microrrelato: Pesadilla al despertar



Por Luisa Grajalva







Microhomenaje a Augusto Monterroso, escritor guatemalteco de relatos breves e hiperbreves


  
Sueño que me persigue sin descanso y que no parará hasta matarme.
Cuando despierto, el tiempo sigue aquí.






miércoles, 18 de septiembre de 2013

Microrelato: Plano Subjetivo

Por Luisa Grajalva







Esta mañana, al mirarme al espejo, me sucedió una cosa extraña: mi figura no aparecía centrada, sino en una esquina. Por más que intenté variar de postura, la imagen no cambió de lugar.

El espejo de vestir
Berthe Morisot


Esta tarde, el azogue tampoco reflejó mi tamaño. La figura del ángulo aparecía, además, empequeñecida. Probé a acercarme, a alejarme, pero mi pequeño yo permaneció invariable.




Mujer ante el espejo
Pablo Picasso









Comprendí que el cristal tenía razón. Si nunca fui capaz de protagonizar mi propia vida, ¿por qué iba a merecer un primer plano?

jueves, 5 de septiembre de 2013

Microrelato: Batería Antiaérea

Por Luisa Grajalva
Escritora y Periodista









Aquel vuelo nocturno no estaba previsto.

Era, probablemente, la noche más calurosa del verano. Quizás eso me hizo bajar la guardia  y quedarme dormido… Me sobresaltó la intuición del peligro, y, un segundo después, percibí nítidamente el sonido del enemigo aproximándose.

Sonia Delaunay
"Durmiente"
Debí haber previsto el ataque sorpresa. Pero ya no había tiempo para culpas, tenía que reaccionar y hacerlo rápido.  De mí y solo de mí dependía mantener la paz.

Me invadió el temor, la rabia… y, lleno de furia, disparé con todas las armas a mi alcance. Casi a ciegas, deseando hacer daño, obsesionado sólo con la idea de extinguir para siempre la amenaza.

 La suerte me guió y pude lograrlo. Una de mis zapatillas aplastó al maldito mosquito.




 



martes, 13 de agosto de 2013

Microrelato: Corazón de Palabras



Por Luisa Grajalva
Escritora y periodista








Sabía que Thot me protegería. Había escrito tantos sortilegios que franqueé, recitándolos de memoria, todas las puertas del inframundo. Mi mente recordaba cuánto había amado mi oficio: anotar palabras cuyos secretos me habían permitido conocer la Casa de la Vida tan bien como la Duat, la existencia tras la muerte.


El escriba sentado

Cuando llegué ante Osiris, no pude hallar mi corazón. El dios me mostró uno, hecho de papiro y tinta, y dijo que mi alma estaba contenida en él, en todo lo que antes había escrito. Pesó menos que la pluma de Maat, y Osiris lo introdujo en la escultura que me representa: El Escriba Sentado. En ella me envió de vuelta a la vida, asegurándome que quien me contemple podrá ver la eternidad.



Juicio del Alma en el Antíguo Egipto

viernes, 26 de julio de 2013

Poesía & Microrrelato. Los Espejos

Por Jorge Luis Borges

Los Espejos    


Yo que sentí el horror de los espejos 
no sólo ante el cristal impenetrable 
donde acaba y empieza, inhabitable, 
un imposible espacio de reflejos,
sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita
Y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa.

Hoy, al cabo de tantos y perplejos 
años de errar bajo la varia luna, 
me pregunto qué azar de la fortuna 
hizo que yo temiera los espejos.

Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado.

Infinitos los veo, elementales 
ejecutores de un antiguo pacto, 
multiplicar el mundo como el acto 
generativo, insomnes y fatales.

Prolongan este vano mundo incierto 
en su vertiginosa telaraña; 
a veces en la tarde los empaña 
el hálito de un hombre que no ha muerto.

Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro 
paredes de la alcoba hay un espejo, 
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo 
que arma en el alba un sigiloso teatro.

Todo acontece y nada se recuerda 
en esos gabinetes cristalinos 
donde, como fantásticos rabinos, 
leemos los libros de derecha a izquierda.

Claudio, rey de una tarde, rey soñado, 
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía 
con arte silencioso, en un tablado.


Que haya sueños es raro, que haya espejos, 
que el usual y gastado repertorio 
de cada día incluya el ilusorio 
orbe profundo que urden los reflejos.


Dios (he dado en pensar) pone un empeño 
en toda esa inasible arquitectura 
que edifica la luz con la tersura 
del cristal y la sombra con el sueño.


Dios ha creado las noches que se arman 
de sueños y las formas del espejo 
para que el hombre sienta que es reflejo 
y vanidad. Por eso nos alarman.
                                                                              





MICRORRELATO



Por Luisa Grajalva
ATRACCIÓN PELIGROSA

Tras una muerte y numerosos ataques de pánico, la atracción tuvo que ser cerrada. Nadie pudo soportar un laberinto de espejos que no deformaba la realidad.


                     

lunes, 22 de julio de 2013

MICRORRELATO: El Último Cóctel


Por Luisa  Grajalva













Este trago no va a saberme a nada. Ya no saben a nada alcohol, literatura, vida o muerte.



Ni tan siquiera saben los recuerdos, los días en que bebí al límite la guerra, la fiesta o un cuerpo de mujer.  Vida, muerte y pasión al borde de la copa, cóctel de los excesos.

Tener y no tener: hoy la copa rebosa enfermedad, decadencia… Tras haber sido dueño del mar, llego a puerto como un pez descarnado por las fauces del tiempo.



Destruido, pero no derrotado. Permanezco en mis libros, en bares donde los cócteles recuerdan… y en la barca de un viejo pescador.

Este cóctel de pólvora y metal no sabe a nada.

Las campanas ya doblan por mí.







domingo, 30 de junio de 2013

El Síndrome de Stendhal


Por Luisa Grajalva


Todos sabemos de qué se trata: Elevado ritmo cardíaco  vértigo, confusión, temblor, palpitaciones e incluso alucinaciones cuando personas especialmente sensibles son expuestas a la belleza, particularmente a la belleza de una obra de arte o de una concentración de ellas. Es el llamado Síndrome de Sthendal o Síndrome de Florencia.

También es conocido el porqué de su denominación: el conjunto de estos síntomas apareció por primera vez en Nápoles y Florencia: Un Viaje de Milán a Reggio, obra del novelista francés Marie-Henri Beyle, más conocido como Stendhal, tras su visita a Florencia en 1817. La psiquiatra italiana Graziella Magherini estableció el cuadro clínico que acompaña a este síndrome en 1989, tras observar reacciones similares a la de Sthendal en más de un centenar de visitantes de Florencia.

¿Es una alteración psicosomática debida al estrés del viajero o es una percepción extraordinaria de la belleza que solo se revela a unos pocos? Ante cada respuesta personal, la ficción nos permite siempre ir un poco más allá.


Basílica de Santa-Croce de Florencia


Microrrelato: INSTANTE ETERNO

 “Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme… “                                                                                       
                                                                                   (Marie-Henri Beyle, “Stendhal”)
  
La belleza decidió revelar sus secretos y, cuando lo hizo, solo necesitó un instante para herirme de muerte.

Me habían llamado “cazador de felicidad” y me convertí en su eterno rehén, en prisionero de su revelación para siempre. Aunque siguiera observando la vida, intentando descifrar los secretos del alma humana, una parte de la mía jamás volvió de la eternidad.

Mi cuerpo vivió algunos años más, pero mi alma se abandonó a la herida, tan vital como mortal, de aquel único instante.


Y allí permanece, contemplando eternamente los frescos de la basílica de Santa Croce de Florencia.


Interior Basílica Santa-Croce de Florencia

viernes, 21 de junio de 2013

Microrrelatos: Estación Abandonada

Por Luisa Grajalva









He vuelto a la vieja estación abandonada.  El edificio sigue todavía en pie, aún hermoso con la vegetación entre sus grietas. Y es hermoso el silencio de los raíles que no conducen a ninguna parte.


Me entrego a este silencio y el pensamiento vuelve a ser viajero. De mi mente siguen partiendo trenes repletos de esperanza, aunque vuelvan, tan sólo, cargados de recuerdos.


Te he visto regresar en uno de esos trenes. Te has sentado a mi lado, como entonces, para mirar la hierba que brota entre las vías.  Y has dicho aquella frase, que tanto me gustaba antes sentir, para llenarme de una definitiva tristeza:  “ De una manera u otra, la vida siempre se abre paso”.





martes, 18 de junio de 2013

Microrrelato: AÚN NO



Por Luisa Grajalva
Escritora y Periodista
Tomó la última medicina de la noche y, con la luz apagada, caminó trabajosamente hasta la ventana. La abrió para mirar sin ver. Sólo pensaba en su cansancio, en el dolor físico que cada día costaba más mitigar, en la parálisis progresiva de su cuerpo, en su vejez sin recursos, en que si se inclinase un poco más hacia el vacío, tan sólo un poco más…


En ese instante, el perfume de los naranjos de la calle inundó el aire. Lo aspiró profundamente. ¡Cuánto le había gustado siempre el aroma del azahar!


Mientras cerraba la ventana, pensando en el esfuerzo que seguiría costándole vivir, se sorprendió diciendo en voz muy baja: No, todavía no, en esta primavera tan hermosa no.